miércoles, 26 de mayo de 2010

ALIANZAS ESTRATÉGICAS

Revista de divulgación científico-cultural de las actividades desarrolladas por la Fundación ALEPH. Aquí encontrará además artículos de opinión, novedades bibliográficas, convocatorias, lecturas recreativas, entre otras.

Un proyecto comienza a materializarse cuando se definen los recursos que requiere para su realización.

Luego se puede establecer mediante una revisión minuciosa, cuántos de ellos están disponibles. Un sueño puede aterrizar cuando colocamos debidamente el dispositivo que necesita para hacer contacto con la tierra. En nuestro mundo con tantas inequidades hemos ido avanzando en la búsqueda de donantes que permitan sacar adelante la misión que nos hemos propuesto. Entre ellos registramos con mucha alegría la alianza suscrita con otros colectivos dedicados a la investigación como es el caso del grupo INVIUS.

El grupo INVIUS se encuentra formado por eminentes profesionales de las ciencias HUmanas y Ciencias sociales y actualmente se encuentra avalado por la Universidad Libre y la Universidad del Atlántico, ubicadas en Barranquilla, ciudad de la costa norte colombiana.

Con su líder actual Dr Jairo Antonio Contreras, esperamos seguir haciendo remolinos en los caminos de la investigación, para el mejoramiento de la calidad formativa de nuestros estudiantes, ciudadanos, docentes y académicos que ven en la investigación una alternativa encomiable de desarrollo profesional
Salud, INVIUS!!!
Esperamos que sea fructífera esta alianza que apenas nace, para hacer una realidad toda la visión de mundo con la que nos hemos comprometido

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FUNDACIÓN ALEPH PARA LA PROMOCIÓN DE LA CULTURA Y LA PARTICIPACION

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BARRANQUILLA, ATLÁNTICO, Colombia
SOMOS UNA ENTIDAD SIN ÁNIMO DE LUCRO COMPROMETIDA CON LA PROMOCIÓN DE TODAS LAS EXPRESIONES DE LA CULTURA, CON UNA MISIÓN CENTRADA EN LA INVESTIGACIÓN Y LA PARTICIPACIÓN COMO ESTRATEGIAS PARA ALCANZAR EL DESARROLLO SOCIAL EN PERSPECTIVA ECOLÓGICA.

Editorial. Agosto 19 2008.


A la sombra de unos cuantos árboles, esperamos que la temporada invernal no
ocasione las pérdidas y destrozos que anualmente se registran tanto a
nivel de las vías de comunicación como en los cultivos de pan coger.

En el octavo mes del año, tenemos bastantes eventos que registrar,
relacionados con la misión institucional que hemos definido.

Se inician los programas de Jóvenes en Acción para cobijar a esa gran franja
que es la población adolescente de nuestro país la que no en pocas ocasiones se
encuentra en el ojo de la tormenta respecto a los grandes efectos perversos de la cacareada globalización.

Asimismo, han dado inicio las Olimpiadas de Beijing con el fausto que se esperaba. Colmadas las expectativas de los amantes de espectáculos soberbios que emulan la tradición antigua. Ha dado un salto también el león asiático llevándose por delante gran cantidad de preseas en modalidades deportivas en las que anteriormente su actuación había sido modesta.

Ya en el plano interno, registramos con adoloridos y adoloridas, la desaparición del maestro Orlando Fals Borda, sociólogo de alto nivel de nuestro país, creador e impulsor de la investigación-acción en Colombia. De los estudios socioculturales como clave para comprender al gran país nacional.Descanse en paz maestro, luego de una fructífera existencia dedicada a la investigación durante la cual se convirtió en referente de varias generaciones de amantes de la academia y la búsqueda de alternativas a nuestra problemática vida nacional.

Asimismo registramos apesadumbrados y apesadumbradas el fallecimiento de Fanny Mickey, gran gestora del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá. Estarás en nuestros corazones hasta el fin de los tiempos, Dios te bendiga por esa energía hermosa que te acompañó y las grandes realizaciones para nuestro pueblo tan ávido de una atmósfera que dignificara el trabajo artístico en las tablas.


Racionalidad en la acción colectiva?

UNA REFUTACIÓN CONVINCENTE: ALEATORIEDAD DE LA DECISIÓN COLECTIVA. Por: Ubaldina Díaz Romero. Universidad del Atlántico. Colombia Nuestra intervención tiene 3 puntos: 1. En el primero hago una brevísima presentación de la teoría clásica de la acción colectiva desde uno de sus exponentes, Mancur Olson. 2. Se describe de modo sintético, algunas variantes críticas que cuestionan los alcances de dicha concepción. 3. Se aborda los elementos del trabajo de Elster, para mostrar cómo en las decisiones de agentes colectivos, la racionalidad puede estar limitada como principio de decisión. 1. La combinación del enfoque sociológico y económico para explicar los comportamientos humanos dio frutos en la Teoría de la acción colectiva, sustentada en los presupuestos de la teoría de la elección racional y elaborada por Mancur Olson,, en su texto The Logic of Collective action (1965). Los componentes de esta teoría, que permiten explicar las estrategias que se tejen al interior de un agente colectivo para tomar decisiones, coloca de presente la necesidad de mirar preferencias e incentivos selectivos, como probables puntos incidentes en la decisión. Pero cuando de cuestiones que involucran decisiones insertas en el contexto de las administraciones públicas se trata, las exigencias de publicidad y justificación de tales decisiones, ofrece un nada despreciable terreno para situar el lugar de las motivaciones individuales de los integrantes del colectivo. Así es posible descubrir en ellas -las decisiones- la presencia de una aleatoriedad fuerte, subvalorada en la apreciación de los usuarios, pero que a quienes analizamos los componentes de la decisión en estos agentes colectivos, nos suministra oportunidades valiosas para señalar una vez más, las virtuales debilidades de la teoría clásica de la acción colectiva para insertarse en cualesquiera de los contextos. Coloca un freno a la pretensión de absolutizar la ponderación costo-beneficio como aquella que da cuenta del modo como juegan en un espacio de relaciones las preferencias del individuo supuestamente orientado hacia la apuesta por la optimización del resultado final. En la perspectiva de las preferencias, los individuos realizan un cálculo del costo-beneficio que les depara participar en la acción colectiva. Y llevan a cabo su participación teniendo en la mira la apuesta a defender sus intereses. Sin embargo, el análisis de dichas acciones coloca de presente que su eficacia puede estar mediada por la existencia de los incentivos selectivos que quienes participan activamente, pueden percibir como atractivos. Aquí ya no se trata únicamente de la meta: se valora aquel estímulo que, diferente a la meta, satisface un cierto nivel de aspiración o de expectativa del participante en la acción colectiva. Sabido es desde hace mucho rato que no existe comportamiento colectivo donde se niegue la excepción. La excepción como sabemos, confirma la regla. En el marco teórico de Olson, dicha excepción la configura el Free rider , - lo que en parte refuerza el núcleo de la teoría al presentar la postura de quienes ponderan y encuentran el riesgo o costo mucho más alto que el beneficio de participar. La figura del gorrón refuerza la teoría dado que permite colocar en el escenario el cálculo de utilidades que realiza quien, exento de intereses altruistas, preve que la acción traiga beneficios que, por tratarse bienes públicos, serán no sólo para quienes hayan participado sino para todo el colectivo. La capacidad de este planteamiento para aportar holguras a la comprensión del comportamiento colectivo se encuentra restringida en tanto se trate de la aproximación a los modos de funcionamiento de actores colectivos mediados por un haz de circunstancias que coloquen en suspenso la valoración de sus propios recursos, la viabilidad de la ponderación de los riesgos y beneficios y que efectivamente, inserten sus motivaciones en un ámbito diferente no ligado a las preferencias de orden material, las que entran visiblemente en el cálculo de las posibilidades de éxito. 2. En este punto nos parece pertinente traer a colación las afirmaciones que hace el investigador Ludolfo Paramio en el texto “Decisión Racional y acción colectiva” , dado que ellas apoyarán nuestra pretensión de proponer reservas muy fuertes frente a las teorías de la acción colectiva de corte liberal: “…es inevitable la sospecha de que gran parte de la acción colectiva que observamos en nuestras sociedades no es fruto de la actividad racional y estratégica de individuos que tratan de conseguir los mejores resultados posibles en función de una preferencias previas, sino la consecuencia de una búsqueda de identidad colectiva por parte de personas que se sienten inmersas en la incertidumbre. Todos admitimos, normalmente sin discusión, que fenómenos tan dispares como las sectas, las tribus urbanas o los nacionalismos más o menos agresivos reflejan de alguna forma el hecho de que estamos atravesando momentos históricos de incertidumbre. Una incertidumbre acentuada quizá por la magia de los números, por la cercanía del milenio, pero que tiene raíces más serias no sólo en el hecho de que las reglas del juego que existían en los años 60 han dejado de funcionar, sino en que no han surgido nuevas reglas que las sustituyan. Esto es algo en lo que no siempre reparamos quienes criticamos el modelo de sociedad que ha traído el neoliberalismo: hablamos como si éste tuviera reglas, pero no las tiene. En la segunda mitad de los años 80 podía existir cierta confusión, y había grupos sociales que se sentían perdedores por los cambios que se habían producido, pero también existía la ilusión de que, una vez pagado el precio de la ruptura del modelo económico keynesiano y de intervención pública, las reglas del mercado servirían para planear la propia vida, para fijar las expectativas personales. Nos parece que esta presentación del deterioro progresivo de la condición fundamental de la elección, a saber la relativa estabilidad de las posibilidades, muestra de manera patética cómo se fue debilitando el potencial de la teoría de la acción colectiva de corte Olsoniano para dar cuenta del comportamiento colectivo. Una teoría empírica no se agota por sustracción de materia: se agota por su propia insuficiencia para dar cuenta de los acontecimientos que la desbordan. Para nuestro análisis de las motivaciones de los agentes comprometidos con la necesidad de votar una decisión, existen razones que trascienden el ámbito reducido de las concretas posibilidades de los agentes; pero no son razones que se pliegan a la lógica de la acción colectiva estándar. Son razones que se insertan en un marco mayor donde prevalecen imperativos que no se quedan en el círculo estricto de la normatividad jurídica o de la racionalidad estratégica. Por ello habría que advertir el gran espectro de la posibilidad que, en tales contextos, no se hagan visibles estrategias de suma cero, sino además que la decisión final sea apoyada por todos, pero que el razonamiento que la sostiene no sea compartido por la mayoría. Que se advierta en el análisis de las justificaciones que soportan la decisión el repliegue y/o adhesión hacia una de las argumentaciones durante el debate que no se refleja de manera significativa en la decisión final. 3.Muy cercana a esta idea acerca de la jerarquización de razones que inciden en una decisión colectiva, está el planteamiento aportado por Kornhauser y Sager respecto de la divergencia de los razonamientos que sostienen la racionalidad de una decisión, bajo las reglas de la mayoría. Es sabido por quienes se han a aproximado a ella que la paradoja discursiva ilustra cómo una decisión que forma parte del giro cotidiano, de un actor colegiado, por ejemplo, se puede presentar justificada por razones individuales que incluso pueden llegar a negar la naturaleza racional de tal decisión. 3.1. Contextos: En la reciente reunión en República Dominicana a raíz de nuestro publicitado conflicto fronterizo, los presidentes presentes en la Cumbre apelaron a sus diversos motivos para inducir una superación de la crítica situación a la que se vieron sometidas las relaciones internacionales entre Colombia, Venezuela, Ecuador y Nicaragua, conforme a los intereses de cada cual. Nos parece importante destacar que lo que a primera vista pueda verse como una postura alcanzada de modo colectivo, conserva en su interior, diversas lecturas que pueden arrojar alguna luz para la comprensión de nuestras prácticas políticas. A nuestro modo de ver, cada uno de los allí presentes, esgrimió públicamente razones válidas y fuertemente relacionadas entre sí para sacar adelante la decisión final. A pesar de lo anterior, quedaba claro para el espectador que en este ajedrez, los intereses y por ende, las justificaciones de los sujetos individualmente considerados no convergían en ninguno de los casos. Frente a una aproximación mediada por la teoría de la decisión racional en términos de acción colectiva, los sujetos ponderarían sus pros y sus contras, el costo-beneficio de sus decisiones, en el campo de sus relaciones internacionales. El comportamiento algo errático de algunos de los presentes, la calidad protagónica del otro, los esfuerzos disuasorios de un tercero son las evidencias concretas que tenemos del encuentro. Ha estado claro para todos nosotros, espectadores de las diversas lecturas que noticieros de diferente orilla ideológica han dado a las razones que soportaron la distensión final, que la primacía de las preferencias inmediatas o de primer orden puede disolverse superando el imperativo de la optimización de los resultados. Afirmamos que en situaciones de alto grado de incertidumbre, las decisiones conllevan un alto componente aleatorio que no por ello desdice del eventual rendimiento que pueda tener la elección realizada. Es claro que, ante los factores de orden mediático arriba anotados, la carga argumentativa presentada por los participantes osciló más hacia el lado de argumentos del orden persuasivo que del orden constrictivo. A pesar de las razones esgrimidas en el debate, lo que queda claro es que se trata de una decisión sometida a condiciones que rebasan el cálculo de las preferencias que en el marco inicial de la situación aparecían como prioritarias para los actores. Se percibe entonces una decisión precaria, sometida a los procesos de conservación y proyección de la imagen pública típicos de una sociedad donde al decir de Kornhauser, “las minorías son accesibles y las mayorías son manipulables. El momento histórico de esta reunión de mandatarios para dirimir un conflicto, responde al anacrónico para algunos, concepto de sociedad de masas. Aunque para la lectura ingenua del debate, como la que hace el ciudadano común, el proceso de dicha reunión pueda inducir a la ilusión de encontrarnos ad portas de un nuevo orden social de tipo plural donde las minorías –élites- son accesibles y las mayorías no son manipulables. Lo anterior no significa de ninguna manera que de las eventuales consecuencias de este acto, no puedan derivarse espacios colaterales vinculados de forma intrínseca al espectáculo. Es de esperar, en un caso como éste, el surgimiento de espacios de debate y opinión socialmente relevante por el calentamiento patriótico generado en los nacionales. Siguiendo al mismo autor y en aras a una transferencia teórica, en muchos casos de decisiones colectivas habría que distinguir entre decisiones cerradas que serían aquellas en las que los votantes acogen de forma unánime el argumento mayoritario que respalda la decisión y decisiones abiertas, en las que pueden apreciarse variedad de razonamientos y hasta razonamientos de una variación considerable que ratifican la decisión. Para un agente colectivo, cuya labor se lleva a cabo en un contexto de informaciones precarias o insuficientes, las decisiones se encuentran en un grado notable soportadas por una carga argumentativa que no distingue entre lo accidental y lo sustancial: que se acerca más a la casuística que a la apelación a argumentaciones consistentes. Esto afirma el carácter aleatorio de las decisiones el cual se refuerza aún más cuando se trata de la distribución de algunos beneficios precarios. Esta dualidad conocida como la paradoja doctrinal de Kornhauser ha permitido colocar de presente las limitaciones de la racionalidad en aspectos tan relevantes para la vida social como la administración de justicia. Ha permitido además, profundizar estudios y diseñar estructuras de análisis, que bien pueden aplicarse para la comprensión de las razones de la acción en agentes colectivos ubicados en contextos de escasa amplitud en el abanico de opciones, pero con la licencia para elegirlas, como es el caso de las administraciones públicas. 3.2 Para un esbozo de racionalidad cooperativa. Ante las pretensiones de los teóricos de la acción colectiva de corte liberal, digamos que en los análisis que realiza Elster, se trata de resultados no deseados que se presentan en la motivación de la decisión, de algún tipo de frustración de las expectativas individuales que se tienen durante el proceso decisorio. Pero son ellos, los resultados no deseados, o más bien, no buscados los que logran dar cuenta de los diversos movimientos suscitados en el proceso de la determinación de la decisión. Es probable que en la deliberación que precede a la decisión en estos colectivos, constreñidos a la necesidad de decidir, los razonamientos que sostienen la elección libren un movimiento oscilatorio que va desde las premisas que les sirven de referente, y de manera alternativa a las razones que públicamente manifiestan son los soportes de la decisión. Ante la necesidad de controlar la incertidumbre, de ajustar los límites de la decisión al marco funcional de sus actuaciones, es posible pensar que se susciten acuerdos no-racionales que permitan establecer la decisión. Ello, por un lado, induce al colectivo a un incremento de actitud solidaria lo que no niega el carácter no. racional de la decisión, si para llegar a ella, se acuerdan medios no legítimos o regulados. Lazos de identificación no previstos surgirán en la esfera de las motivaciones del agente comprometido en una decisión colectiva circunscrita a un contexto donde la incertidumbre cada vez se hace más densa. El acontecimiento que es Chiapas aún -por ejemplo- podría ofrecernos también, alternativamente a la lectura que muchos sociólogos y politólogos han realizado, la oportunidad de desgranar componentes para ubicar la naturaleza de las motivaciones de la acción. Aún cuando se trata de un tipo de acción promovida por un agente colectivo de distinta naturaleza puesto que se inscribe en el grupo de los procesos de acción colectiva vinculados a movimientos sociales, difícil sería negar que su actividad ha generado una serie de transformaciones en el seno mismo de la sociedad mexicana. Que lo que proverbialmente se ha mirado como un excesivo folklorismo de la ratio mexicana, no es tal. Que hay un acendrado énfasis de la acción, sostenido por elementos extraídos de un consistente proceso de identidad colectiva. El colorido del acontecimiento Chiapas viene de la mano de la visibilidad de las significaciones de orden cultural que pueden sellar o no el inicio de una acción colectiva. En Chiapas tenemos un movimiento, pero un movimiento donde las redes organizacionales se sustraen a la lógica de la estructuración jerarquizada de las posiciones de mando. El estudio de los efectos no deseados, no en tanto distractores o difractorres de la acción, sino como elementos consustanciales a ella nos hace percatarnos que la acción colectiva tiene regularmente dos componentes: uno, la deliberación en torno a los intereses, objetivos y medios de la acción; otro: un componente emocional. De la negociación entre estos dos elementos involucrados se deriva la elaboración argumentativa que permite a los actores individuales la construcción de una postura frente a las opciones que tienen a su alcance para construir la decisión. No se trata de un mero cálculo de recursos, preferencias y equivalencia costo-beneficio. Concomitante a ello, como elementos significativos para el actor colectivo se definen: 1. el sentido de pertenencia a un grupo o institución 2. la identidad colectiva que ello proyecta en las mentes de los individuos.. 3. la presión de las expectativas individuales y las expectativas grupales. En nuestra aproximación a una estructura de análisis que dé cuenta de las motivaciones y/o razones del agente colectivo, puede observarse que, aun cuando se acepta la cuestión de los intereses individuales, no se desprecia los valores de la tradición que pueden apoyar la decisión. No se ignora el peso específico de la institucionalidad. En ése sentido, aún cuando manifiesta su rechazo a una teoría de la decisión racional por egoísta y restrictiva, por insatisfactoria para explicar las motivaciones de la acción en contextos donde se resuelven los conflictos con limitaciones de información, se acepta la influencia que discursos como el de los derechos, tiene en las motivaciones individuales. El énfasis está sin embargo en que se privilegia la ponderación de un elemento social que en un momento dado puede ser el ascendiente fuerte para la decisión y no aquello que señalan las preferencias individuales. Y, en esa esfera social, se entrecruzan diversos discursos además del citado, creando saturaciones que en momentos de conflicto introducen en la decisión un componente fuerte de naturaleza no racional, tales como el sorteo, la distribución al azar de unas tareas o estímulos, la asignación de roles, entre otros. Con la expresión racionalidad cooperativa intentamos restituir los componentes que en su momento fueron sustraídos por la fórmula medios-fines del campo de la racionalidad. Queremos plantear que en el contexto autoimplicativo de las condiciones de riesgo y la situación de incertidumbre, los agentes colectivos confían no sólo en la consistencia de las reglas y tablas de valoración de sus argumentos, sino también en las capacidades desarrolladas intuitivamente. Que el azar, tal como opina Elster, en ocasiones puede presentarse como la conducta más racional que la confiada a los parámetros de una razón instrumental, sobre todo en condiciones precarias de información. Proponer un desarrollo teórico de ello podría colocarnos sorpresivamente ante la evidencia de desvelar cuántas decisiones de gran alcance han estado mediadas por el elemento azar. El surgimiento y desarrollo de las tecnologías de la información, la aparición de diferentes recursos informáticos, aplicaciones de diversa índole en el giro cotidiano de negocios públicos y privados, ha colocado en cuestión algunos postulados asociados al modo como discurre el aprendizaje, la conexión de ideas, las operaciones lógicas, al punto que se reformulan principios básicos de aquellas disciplinas relacionadas con estos campos del conocimiento. Ello nos dice de la confrontación a la que una concepción restrictiva y/o agotada de Racionalidad ha sido llevada. Desvela la precariedad de las razones que esgrime para sustentar sus juicios. Y, en tal sentido echa mano de recursos que en un reciente pasado estuvieron asociados a un saber oscuro, clandestino y vituperable. Lo que queda en el tapete para el debate tendrá que ver con: 1. ¿Es la racionalidad instrumental la del modelo medio-fines una ruta excluyente para la toma de decisiones en materia de cuestiones de políticas públicas? 2. Ante decisiones relativas a bienes públicos del orden de los principios, es relevante la naturaleza aleatoria de su conformación? 3. De cara a las implicaciones de las decisiones en contextos de opción restringida, es significativa y/o consistente la justificación cuyo peso específico se ancla en argumentos constrictivos?  Docente de Filosofía. Coordinadora Grupo de investigación Cronotopías mail: uba.diaz@gmail.com ______________________________________________________________

CRÍTICA Y LÚDICA




DE APRENDER A DESAPRENDER O CUANDO LA FILOSOFÍA SE HACE POIESIS

Autora:
Mg. UBALDINA DIAZ ROMERO*



Ha de callar el verbo para escuchar a la sangre, los murmullos del cuerpo, el rosario de angustias letales que agobian cuando el silencio se esparce entre dos. Volver a Pascal para comprender porqué le tememos al silencio. Apagar el televisor encendido en el espíritu desde tiempos inmemoriables, apurar la copa de la incertidumbre, amar lo ignoto y descoser el manto una y otra vez para que el tiempo se encargue de lo otro, de eso otro que no pensamos pero que sí intuimos.

Volver a la matriz cósmica, humildes ante el oscuro silencio, expectantes ante la pregunta pánica. Quienes hacemos de la cátedra de Filosofía el lugar de nuestros proyectos no estamos llamados a allanar el ámbito de las relaciones, sino a trastornarlo; no a facilitar los caminos del saber, sino, en un principio, a hacerlos no sólo más difíciles, sino propiamente infranqueables- Hemos de seguir una senda desnuda y recorrida. Seguirla senda sin pretensión de escuela, es la idea de identificar escuelas, tendencias o sistemas.

Aprender a desaprender es tarea nuestra, en nuestros recònditos silencios. Enseñar a desaprender es la misión de quien oficia en el rito ancestral de copular con los muertos…Las voces antiguas hablan un lenguaje remotamente familiar. Los giros, las costumbres, desafìan los esfuerzos reiterados por horadar la sima de las significaciones. Desde el susurro inmemorial aprendemos a calcar los sentimientos, las acciones. Kant celebra la disciplina, el sistemático cultivo de la voluntad a través de la disciplina. Desoye las voces del instinto, de la conciencia curiosa por temor a la debilidad de carácter a la que conduce una vida anclada en los caprichos. La pregunta es: Cómo avanzar en el proyecto de la humanidad si se socava de aquella manera, los espacios para el despliegue de sus facultades? Es que la conciencia moral, ha de ser el límite de la reflexión? Es que el cómo ha de frenar la posibilidad de avanzar en el conocimiento? Es que los modos de ser se pueden calcar todo el tiempo?

Cuando enseñar es un arte, filosofar se hace POIESIS. Cuando escuchamos el rumor de los fríos vientos ineluctables del progreso, la inquietud ha de llevar al hermeneuta hacia los confines de la pregunta. Estremecer las fibras íntimas del espíritu navegante, promover el riesgo y la especulación, fuera del ámbito emponzoñado de las certidumbres palaciegas. Cuando el saber se interroga a sí mismo, dista mucho de caer en las estériles garras del amo cuya visión panóptica intimida anulando la acción de la palabra.

Cuando la pregunta salta como león herido, liberado de las feroces embestidas de un potro de acero, de las letales caricias de una tormenta de acero, abrése una trémula puerta por la cual se cuelan los rumores de los modos de ser no conocidos, de las ridículas e inverosímiles miradas, ante las cuales hoy vivimos vergüenza ajena cuando alguien los percibe.

El caso es interesante: a la luz de los absurdos florece un nuevo ser, un espíritu desterrado retorna por lo suyo al campo que le era vedado. Una vez la inquietud de la especie toca fondo, sólo queda salir a flote. A través de la pregunta.

Aprender es siempre incorporar, asimilar, capturar, apoderarse. Denota el aprendizaje una fuga desde la posición inicial, un desplazamiento de fronteras.
Un desplazamiento de fronteras implica correr los límites de un saber, un dispositivo, una acción. Cuando este desplazamiento desvela un procedimiento estamos en la vuelta sobre el sí mismo El sí mismo tejido de esfuerzos, esquemas, articulaciones entre lo aprendido y el procedimiento de su aprendizaje cuyos puntos son colocados en cuestión.

Las metáforas biológicas serán un soporte necesario para la aproximación al asunto. El crecimiento en especies vegetales puede darse desde un centro duro tomado como núcleo o desde la simple superposición de capas ligeramente idénticas, es decir, de estructura similar, pero cuyo tamaño va variando progresivamente siendo las más exteriores las más ampliar y de diseño espacioso. En la médula del pensamiento podríamos decir no se encuentra un núcleo cerrado sino aquella sucesiva formación de capas cuyo grosor varía, determinadas por un impulso de crecimiento que penetra todas las nervaduras de la planta llegando a los pistilos de la flor.

Desentrañar los circunvoluciones de lo aprendido no equivale a desentrañar las circunvoluciones del cerebro: evidentemente no. Pero, un esfuerzo de aprender a olvidar un modo de aprender, llevará consigo la necesidad de esculcar con un fino bisturí los tejidos del asunto.

Ante los avances de la sociedad de la información, esa forma de ilustración que fue la ciencia, ha sido sobrepasado por la contingencia de la información. Descubrir el saber en las toneladas de información, entraña la previa competencia para identificar los lugares y contextos de la producción del conocimiento. Nunca antes se hizo tan necesario aportar herramientas especilizadas para el trabajo crítico.

Nunca antes acercarse al conocimiento demandó la prolijidad que demanda el estado de cosas de la sociedad de la información. Cuando el aprender aparece mediado por una serie de mecanismos enclaustradores de la pregunta pánica, cuando el sistema prevalece hasta negar la transformación, cuando el sentido común desborda el impulso primero de la pregunta fundamental, estamos ante la nada, ante una gran placenta informática que ofrece a todos iguales herramientas, discursos y hermenéuticas.

Introducirse en la compleja maquinaria del pensamiento humano, supone olvidar la luz rutilante y centrarnos en esa mancha amarilla que nunca podemos ver. Apreciar los contactos con los niños, que tienen mejores intuiciones que las del adulto. Acercarnos a los sabios que deambulan por espacios marginados, discurrir en fin en cierto orden centrípeto que impulse la razón hacia la contrastación.

Múltiples lugares comunes, metáforas desgastadas, escudos cubiertos por la pátina del tiempo aparecen siempre como obstáculos a la visión de la pregunta. Ante las certidumbres y reposos, Aquiles dijo: No. Ante las ráfagas del silencioso oprobioso de las tardes tras las rejas, Mandela dijo: NO. Ante los jueces que esgrimían los argumentos amañados de sus acusaciones, Nariño dijo:no. Ante las formas insinuantes de la seductora Salomé, el patriarca dijo: NO. La fuerza que hace posible esta fuerza no se ancla en la reproducción de los esquemas, en la deliberada restricción del pensamiento, en la frase acuñada hace más de veinte siglos. Dicha fuerza se perfila y consolida en la búsqueda de las huellas que entre todos hemos colocado bajo el manto de un cielo estrellado. Los eternos problemas son eternos.

La transmutación de la sustancias en formas también es eterna. Volver a desandar el camino, puede ser sin duda, arriesgado pero lleva a la esperanza, le apuesta a la vida y no a la muerte.La pedagogía que nace como techné asciende en la historia a lugares empinados, en el pensamiento de grandes pensadores como el creador del EMILIO, Decroly, Montessori, Peztalozzi, Amos comenios, entrE los más conocidos. Le apuesta a la libertad pero con el correr de los días vuelve al campo del conducir, adiestrar y amaestrar. Aún es vigente la crítica de Paulo Freire: la pedagogía ha dejado de ser liberadora. Dá por sentado que el ser humano es potencialmente apto para las camisas de fuerza. El campo restrictivo de los conocimientos articulados en los planes curriculares no deja espacios para la contemplación del sí mismo. Desde los antiguos sec percibe una estela que atraviesa el discurrir del pensamiento, una especie de voluta que precede a la reflexión sobre el ser humano : este denominador común que caracteriza el hacer de occidente es denominado por algunos, Libertad constituído en el motor de la historia. Su expresión dista de ser unívoca: se aprecia tanto en la búsqueda de los modos de convivencia, como en la búsqueda del dominio de la naturaleza, o en el acucioso desentrañar artilugios y esguinces de la racionalidad.

La invitación a pensar el sí mismo no es el campo que privilegia la pedagogía occidental. No pensar el sí mismo invita a no pensarse como miembro de un contexto. Rechazar al Otro, por no ver en él el sí mismo. Pedagogía y Filosofia marcharon de la mano en el lejano marco de la Paideia Griega. En las mezquinas aulas de hoy, cuando el tiempo se enseñorea tiránicamente, acompañado de los esbirros matizados como noticias, novedades, impactos, moda, actualización, gangas, promociones, realizaciones, oportunidades, convocatorias a concursos, demandas, formatos y demás, aquella pareja se divorció en aras a una mayor autonomía en sus quehaceres.

Una pedagogía que dé por sentado lo que necesita el ser humano, sin interrogar el sí mismo de ese ser humano, el sí mismo envuelto en el viento implacable de los nuevos tiempos, es oscura, paralizante, depredadora, deshumanizante, castradora. Si no consulta ese nuevo modo de sensibilidad que prevalece en el disperso mundo de las nuevas generaciones, será siempre enjuta, seca, petrificada, anquilosada sumida en el plenum de los años de su gloria rampante, desde el ocaso del ejercicio de la autonomía de los estudiantes. Una pedagogía que gravite como ley eterna sobre los espíritus jóvenes, que apenas despiertan a la pregunta pánica, que mantenga la hoz en posición amenazante sobre la cabeza de aquellos que se asoman a la búsqueda de alternativas, degrada el sentido de la formación armónica pero al mismo tiempo intensa y arriesgada que ha de ser aquella cuya pretensión es perpetuarse en la memoria de sus estudiantes.

UN BRINDIS POR EUTHERPE.

El campo abierto de la pregunta pánica exige la borradura de limites; la asunción de los riesgos; la interceptación de los mensajes provenientes de otros campos; la exultación de las formas del pensamiento; la profanación de los libros; la malversación de los pensamientos: todo esto indica que el futuro está aquí: cierta relativización del tiempo y el espacio en el trabajo de reflexión forzosamente nos coloca en la posición de hablar con los muertos sacudiéndoles la pátina del tiempo, desbrozando las capas sucesivas de discursos superpuestos cuya red separa el destello del pensamiento de la mirada expectante que le interpela.

Aprender a desaprender supone deponer las armas del entendimiento seguro. Hacer de la precisión un estorbo y del extravío una manera de vivir. Si en el más intimo ser de lo filosófico lo que sobrevive es el amor a la búsqueda del conocimiento, ella se encuentra inserta en todas las ramas del saber perseguido por la especie humana. No es una reinsertada. Ha estado allí siempre y por ello es parte de aquellos proyectos, de aquel horizonte limitado o amplio que construimos desde la primera infancia. Por ello también es parte de la labor del enseñante de Filosofía vivir en constante riesgo de ser tildado de ambiguo, de poco conocedor de los campos del conocimiento, de elástico como un caucho, de promotor de incertidumbres. Vivir en el constante riesgo significa además asumir las responsabilidades del tiempo de Hoy. Nadar contra la corriente de las disciplinas del conocimiento, de sus milenarios límites, de sus inalterables posiciones frente a los objetos. Vivir en la incertidumbre tiene la ventaja que siempre tendremos la razón a última hora.

Dejemos las apologías para los discípulos. Está bien que ellos hagan apologías. Propongamos la mirada intempestiva sobre ese hacer humano que es inhumano, sobre ese logro de la ciencia que no aprovecha ciertamente a aquel ser que la produce y mucho menos a los millones a quienes se aplica. Dejemos la etología de lado para avanzar hacia una comprensión desligada de los campos de exterminio sembrados por las mortíferas de una comunidad científica desnaturalizada, anclada en los intereses económicos de las grandes multinacionales. Vivamos una pedagogía desnaturalizada en su esencia, que destierra el conducir de su campo epistemológico para quedarse en la sugerencia, el lenguaje inquietante, el brillo metálico de las alocuciones, el que sólo destella en el espacio mudo de las incertidumbres. Una pedagogía que aplicada al quehacer filosófico, sustraiga al espíritu de la metáfora luz-oscuridad del movimiento ilustrado.

ILUSTRACIÓN POR INFORMACIÓN.

Frente a las luces de una minusválida Ilustración desangrada por las TICS, de una Ilustración vuelta Información, propongamos una vuelta al sí mismo. ¿ Porqué el temor a hablar consigo mismo, que intuyera ha siglos Blas Pascal? Porqué nos asalta tanto tiempo el miedo cuando se vá la luz? Porqué la noche sigue atormentándonos? Porqué persiste la escisión Luz-oscuridad Qué es este miedo de mirar hacia dentro de esa casa construida con los materiales del deber ser?

Al lado de estos reclamos lastimeros que colocan a la suscrita a la altura de una gallina angustiada por los polluelos ante la sombra del gavilán, la urgencia de las formas nos impele a aceptar los requerimientos de las administraciones que indagan por el cómo de una clase, cómo de una investigación, cómo de una explicación. Este rosario de cómos tiene la pretensión fiscalizadora de cualquier falso demiurgo que habiendo creado un ser, luego observa cómo éste comienza a tomar vida propia y a tomar decisiones contrarias a sus dictados.

Ser docente de Filosofía, entraña la necesidad de ser abrupto en la definición, reacio a la explicación, amoroso en la descripción. Complacerse en la búsqueda de las opciones y alternativas a las teorías consolidadas; deleitarse en la construcción de puentes novedosos entre los saberes y los haceres. Auto inventarse los estruendos: buscar las grietas, las fallas geológicas en el terreno administrado de las regularidades y hacer de aquéllas el punto de partida para el trabajo de reflexión.

El apabullamiento de las ágiles mentes dispuestas a navegar, apabullamiento revestido de cátedra magistral, es pedagogía negra para la Filosofía. La admiración construye actitudes pero también se degrada en la fascinación que paraliza, cual ojos de serpiente.

Hoy ya no hablamos de razón. Hablamos de racionalidad que como tal, involucra el reto de construir comprensión en la complejidad del mundo que nos ha correspondido vivir: hoy, el mundo se cierra herméticamente sobre nosotros y nos conmina a la conciencia ecológica, al despertar a las preguntas obvias, irrisorias, antes que la pregunta metafísica. Se nos impone por naturaleza, apropiarnos de las preguntas del hoy para avizorar los cambios del mañana. Los filósofos han de ser faros: faros que se yerguen en la tormenta. Faros inoficiosos que por momentos bailan como el barco ebrio, ligeros como corchos entre las olas de un mar embravecido. Exultantes de emoción algunas veces como el autor de este cèlebre poema, presos de la mala conciencia en otras rondas nocturnas sin luceros.Entonces, los filòsofos, persistentes buscadores del saber serán esos faros móviles para quienes la misión no ha de ser tanto indicar a los navegantes el rumbo, sino adiestrarles para que por sus propios medios, hallen siempre el rumbo no buscando el faro sino hurgando en sus propias preguntas, sino fungiendo como mediadores ante su propio Yo en conflicto.

Por tanto, se sigue persiguiendo aquello que desde Aristóteles, la filosofía llama “thaumazein”: admirarse, maravillarse, entusiasmarse, saber qué se sabe y qué no se sabe. Es la miseria-grandeza del filosofar. Citemos de nuevo a Pascal: "los hombres, no pudiendo curar la muerte, la miseria y la ignorancia, han decidido no pensar"[1]. La elección supone un ingenuo intento por desplazar la mirada del límite de la conciencia desgraciada en la conciencia de su finitud. Reconocerlo y regodearse en su reconocimiento, extingue la premura y dá paso a la serenidad de la autarquía, el espacio para la autocontemplación y el goce de sí.

La fe invita al filósofo no a predicar sino a pensar.. Filosofar no es otra cosa que pensar a partir de "los maestros de la sospecha". Es así "senderos del bosque" en el sentido Heideggeriano: caminos que no conducen a ninguna parte, sólo al bosque mismo y al trabajo de los leñadores, caminos del bosque que son largos desvíos e incluso sendas perdidas. Es búsqueda, navegación, viaje, como aparece ya desde el poema de Parménides, con múltiples caminos y encrucijadas.

La filosofía nunca ha estado acabada ni lo estará. Ya hemos dicho que es búsqueda preñada de entusiasmo y eros: una erótica que pregunta siempre. Cuando Pericles delinea su polis lo hace desde una perspectiva filosófica: "Amamos lo bello y vivimos con simplicidad, y nos gustan la ciencia y la sabia disciplina"[2]. La pólis no puede renunciar al conocimiento y mucho menos al conocimiento filosófico: la indagación por la belleza, la vida buena y el saber vivir bien, el sentido de la ciencia y de la ley, son connaturales al ejercicio político de la filosofía y al ejercicio filosófico de la política. Aristóteles abre su metafísica con la célebre expresión: "todo hombre por naturaleza desea saber" indicando ya que la filosofía como conocimiento siempre está acosada por el deseo; deseo que crea grados en el saber:

Quienes hacen de su cátedra de Filosofía un viaje sueltan amarras, despliegan velas y el barco ebrio emprende su danza paroxística de la cresta a la sima de las olas. En el horizonte mientras, ve dibujarse las figuras familiares de los remotos titanes del pensamiento y se adentra en la atmósfera canicular para seguir el consejo de la pitia a Zenón: "copula con los muertos".

Este mismo consejo escuchamos muchos siglos después en palabras de nuestro compatriota Rafael Gutiérrez Girardot cuando saluda alegre y nostálgicamente a los que le invitan a participar en una reunión con motivo de la celebración de un Foro de Filosofía: Hay que pensar en los muertos. Pero entre la Pitia y Girardot, se yergue un obelisco impresionante, pues la cópula deviene unión de elementos, conexión. El Pensar aparece como un Dios que sitúa por encima de los elementos materiales, su opción.


BIBLIOGRAFÍA
Deleuze- Guattari. Qué es la Filosofía. Colección Argumentos. Editorial Anagrama. Barcelona. 1993.
Mosterín, Jesús. Historia de la Filosofía. Tomo 4. Aristóteles. Alianza Editorial. Madrid. 1994
Blanchot, Maurice. El diálogo inconcluso. Monteavila Editores. Caracas. 1970.
Pascal, Blas. Obras Escogidas.Editorial Gredos. 1.968.
Kant. Enmanuel. Ensayos sobre Pedagogía. Editorial Akal. Barcelona. 2001.




* Docente de medio tiempo de la Facultad de Derecho Universidad Libre de Barranquilla – Facultad de Ciencias Humanas Universidad del Atlántico. Directora ( e ) del Centro de Investigaciones Sociojurídicas Facultad de Ciencias Jurídicas Universidad del Atlántico.

[1] PASCAL, Blas. Op. Cit., p. 114.
[2] Cf. DURY, Víctor. El mundo de los griegos. Barcelona: Círculo de Lectores, 1974, p. 14.

La era ha parido una estrella

LA CENSURA Y LA TRANSGRESIÓN EN EL DISCURSO Y LAS PRÁCTICAS PENITENCIARIAS.
Por : Juan Carlos Fernández[1]
Recorrido el amplio esbozo del discurso anormal y penalizante, como racionalidad de poder escenificada en las sociedades de occidente, logramos identificar estrategias funcionales propias de su episteme, desarrolladas por unos agregados de conocimiento, prestos a legitimar procedimientos, oficios y sujetos, así como las ficciones generalizadas de dominio, codificadas y dispersas en la urdimbre social, cuyo funcionamiento automático e impersonal a modo de sutiles adminículos conducentes al encuentro, frente al paradigma, de las faltas, errores desaciertos, inadaptaciones y rebeldías concretadas en la inalienable desobediencia que hacia la autoridad generan conflicto. Dado el anterior marco de conceptos, adelantada nuestra investigación sintetizamos lo siguiente:

UNO. Demostramos de qué manera esta racionalidad contenida y manifestada por el ejercicio de poder, se debela ineluctable frente a la soberanía forjada por la consciencia en discernimiento (subjetividad) de la cual, la potencia de la razón puede decir poco, a lo sumo manifestarse con refinamiento peligroso para tratar, propio de la dinámica regenerativa del poder, de imprimir una nueva táctica al proceso de constitución de sus sujetos. Definidos como síntesis aptitudinales a desenvolverse en el consenso. Para ello, aparece un orden concretado en la imposición bélica de una cosmovisión que toma sus valores como demostrados, suficientes para regular todo el espectro de conducta del ser humano, utilizando la vigilancia y la disciplina.

DOS. Nuevas estrategias constituyen el contexto del poder de castigar, cuyo basamento epistémico, contrasta con el torpe aniquilamiento del nivel relacional, socialización, que define a la sociedad como ente responsable de proveer una serie de factores determinantes para el desarrollo de la personalidad exigibles a la cualificación dentro de la normalidad, de todos sus integrantes, que frente a precariedades o déficit del medio suelen manifestarse en consecuente transgresión como una sublime potestad del ser, difícilmente definida como manifestación legítima por un sistema que fundamenta lo normal a partir de sí mismo, ofreciendo el honroso quehacer de la obediencia taxativa cual prerrequisito de la seguridad.

TRES. Indiscutiblemente el espacio para que se forje toda esta disposición concéntrica de poder lo ofrece la democracia. Como forma de gobierno paradigmática en occidente, ésta garantiza la intensificación metafórica de aquél en toda la red de instituciones sociales; y la disolución, en todos los discursos e interlocutores. El poder normalizador y penalizante está en todos los contextos, al asecho de la rebeldía, la desobediencia, la anormalidad que amenaza los presupuestos sustanciales, digamos corporativos, de aquella, siendo estos los que avivan todas las agencias y actuaciones para el control de lo que en apariencia es nuestra existencia.

CUATRO. La instancia de decisión, la respuesta del consenso a la problemática de la anormalidad como categoría de amplia asignación, se concibe sistemáticamente a modo de política criminal. Una estrategia formalmente concertada con la instrumentalización del derecho penal y el presuntuoso carácter explicativo o razonado enfoque de la Criminología, que rige el derecho de castigar, respecto a la manifestación conductual diversa.

CINCO. Dicha política propicia el desastre estratégico de los sistemas carcelarios, pues carece de elementos que permitan humanizar los procedimientos técnico- jurídicos del control social. Al respecto se sugiere que dichos procedimientos evalúen no solo las condiciones de socialización del ser humano, sino los fundamentos educativos y de sanidad propiciados por la sociedad y el Estado en la consecución de un desarrollo integral para la personalidad.

SEIS. Como lo comprobamos en nuestro análisis, la Criminología, conforma un agregado teórico-multidisciplinar, que manifiesta su dominio discursivo mediante el status de demostrabilidad del carácter científico, reflejado en unos resultados cuestionables desde, nada menos, que la objetividad. Así presentada, la Criminología es la imagen virtual de un poder penalizante simétrico a la racionalidad instrumental de la sociedad globalizada que genera de forma progresiva una monopolización prescriptiva de las necesidades e intereses. Frente a la cual, sólo tenemos la resistencia a través del discernimiento que puede adelantar una reconstitución de la subjetividad deteriorada por el poder.

SIETE. Una percepción peligrosista y consensual del crimen, institucionalizada y publicitada en el imaginario colectivo mediante una cultura de intenciones envolventes propiciará en las comunidades unos niveles de sociabilidad hostiles que progresivamente irán generando en los hogares un ostracismo egoísta, avalado por los pastiches de consumo, poco interesado en los factores sociales de “descomposición individual”, en la medida que la complejidad de los mismos altera la cosmovisión y el arquetipo de orden social. Al respecto se hace tangible la necesidad de un acercamiento, al hecho social de la criminalidad, sensible, de percepción comprensiva hacia corresponsabilidad del Estado en la producción del mencionado hecho.

OCHO. La racionalidad penalizante recorre un sendero decadente proyectado hacia la cosificación de la humanidad. Al utilizar todos sus recursos tecnológicos como funciones de capital, desplaza toda atención antropológica y cultural consustancial al ser humano. En este sentido, el poder corporativo que sustenta toda esta tecnología reducirá los espacios, tras su necesidad de vigilancia y seguridad, correspondiente al libre desarrollo del individuo para imponer un sentido artificial, digamos virtual de la existencia, regularizada por unos procesos normativos de índole utilitaria. En tales condiciones la manifestación de la anormalidad se identifica progresivamente como protesta política que conduce la deslegitimación al orden.

NUEVE. Los paradigmas que intentan explicar el crimen desde disciplinas y parcelas de conocimiento diversas, operan en pos de la fundamentación del castigo como proceso funcional en el mantenimiento del orden. Ello indefectiblemente conduce a la conservación de una noción instrumental del ser humano, sacrificado en favor de la sistémica de gobierno cada vez más ocupada en el perfeccionamiento de su estrategia penalizante. La cual debe ser permanentemente cuestionada en los niveles de aplicación para evitar, de una parte, tratamientos instrumentales, y de otra el no funcionamiento de las garantías legales de quienes potencialmente se involucrarían como transgresores de la norma.

DIEZ. Como proceso correlativo a la práctica penalizante, la normalización descarga sobre el individuo un catálogo de preceptos a forma de racionalidad, que constituyen las actitudes aceptables para el consenso. A largo plazo, esta modalidad formativa del carácter social es contraproducente, pues los procesos de enajenación engendran crisis manifestadas como fenómenos anormales, ante los cuales se hace pertinente proponer soluciones pedagógicas para los sectores que propician dicha enajenación como factor de efectos colaterales susceptibles de decisiones que solventen las tensiones de estructura social decadente.

ONCE. El sojuzgamiento de los discursos de dominación referentes a la constitución de los contextos relaciónales y mentales de los individuos sujetos a gobierno, plantea la necesidad de rebelarse mediante el cuestionamiento hacia las decisiones políticas que manipulen o conformen, en la psicología social, opiniones que sólo a sectores de interés favorecen; al punto de aprovechar mediante figuraciones irresponsables o estratégicas de los fenómenos sociales, la ignorancia propiciada a través del sensacionalismo informativo y la desinformación. Circunstancia muy común en la percepción de la anormalidad o el crimen. Al respecto, como se ha dicho, conviene deslindar la investigación de estas esferas sociales, de los deterministas juicios morales y admitir que el “anormal” es un ser de carne y hueso como nosotros, no un dios o titán con el cual hay que ensañarse.

DOCE. El discurso anormal y penalizante, dado sus costos sociales de sostenimiento —parécenos un poco extraño que la sociedad segregue a quienes por dictamen técnico-científico adquieren el rótulo de anormales, dentro de su mismo seno, en ejemplo morbosamente correctivo- debe trasmutarse en todos nosotros, hablamos de la percepción, en una conceptuada transgresión a la victomología del establecimiento e interés, pues no se sabe objetivamente dónde está la víctima. La dogmática jurídica nos lo señala, pero la descomposición social no.

TRECE. La lectura de la anormalidad como fenómeno problémico remite, tomando uno de los tantos paradigmas para su calificación, a la represión del deseo. Activado éste de forma desmedida por la insatisfacción propiciada por una sociedad en permanente contradicción y déficit, viene a ser la forma sintomática de su decadencia, ante lo cual se requiere una implicación deliberativa de los interlocutores sociales que agote los conceptos y procedimientos aparentemente funcionales hacia medidas que resuelvan las necesidades que producen esos abismos y confrontaciones.

[1] Abogado titulado. Universidad del Atlántico. El texto corresponde a las conclusiones de su trabajo de grado cuyo título es El Frenocomio Penitenciario. Monografía laureada. Año 2007.